Se trata de uno de los pueblos más pequeños de la Serranía Conquense, con apenas 88 habitantes censados, pero cuya visita es obligada. Concentra en su término un sinfín de enclaves de una belleza sublime y de lugares básicos para quienes quieran conocer la Serranía Conquense.
No en vano son muchos sus alojamientos turísticos y bares y restaurantes que invitan al viajero a hacer parada obligada, e incluso, a utilizar este pueblo como base de operaciones desde donde recorrer el resto de la serranía.
Uña y su entorno
Enclavada entre enormes paredes de roca caliza que se desprenden desde las llamadas muelas hacia la mansa laguna que baña las calles del pueblo. Cuenta con uno de los senderos más famosos de toda la Serranía, conocido como “El Escalerón y la Raya”, es el PR-CU 37, que nos hará rodear la laguna de uña alcanzando la altura de las muelas para brindarnos unas vistas impresionantes, que son las mismas que observan los numerosos buitres que encontraremos asomados en las riscas, a escasos metros a veces por encima de nuestras cabezas, otras veces por debajo.
Y es que las impresionantes paredes de roca que presiden el paisaje conforman también la personalidad de los habitantes de uña, y quizá por ello podemos encontrar una pequeña pero hermosa curiosidad junto al sendero, la ermita de “La Virgen del Espinar”, ubicada en un rincón de roca un poco escondida, pero muy venerada por sus paisanos, que la adornan con flores constantemente.
Para ascender hasta el Mirador de Uña, donde podremos tener una perspectiva impresionante del conjunto del pueblo y su enclave, tendremos que pasar junto a la Escuela Regional de Pesca, en el arroyo del Rincón donde en ocasiones se organizan cursos para quien se quiera iniciar en el arte de la pesca fluvial.

Un poco más arriba del arroyo una pequeña piscifactoría ubicada en el precioso enclave del Rincón de Uña trabaja duro por devolver a los ríos de la Serranía la trucha común que antaño poblaban todos sus rincones, hoy en día, debido a la pérdida de hábitats, las discontinuidades de los ríos por presas y azudes y el calentamiento de las aguas ligado al calentamiento global, la trucha necesita de algunos esfuerzos extra para recuperar su presencia antaño tan abundante. Funcionando desde el año 1974 y gestionada por la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, la piscifactoría abre sus puertas a los turistas en algunas ocasiones para conocer de cerca su labor.
Laguna de Uña, aguas tranquilas llenas de vida
Presidiendo el conjunto paisajístico está la laguna, que sirve de refugio a una infinidad de aves tales como patos, pollas de agua, cigüeñuelas, garzas y garcillas. Los más afortunados también han podido observar alguna escurridiza nutria entre sus aguas. La laguna de Uña está formada por una pared de roca tobácea que retiene las aguas del arroyo del Rincón y del barranco del socarrado. Rodeando la misma tenemos un sendero accesible a lo menos deportistas, sencillo pero hermoso, dispone de varias pasarelas que nos permiten adentrarnos en la laguna, y un escondite en uno de sus laterales para observar a las aves sin ser vistos.
Sus aguas están prohibidas al baño, ya que en sus orillas crían y anidan una gran cantidad de aves, por lo que estamos ante un ecosistema lagunar de especial importancia que nos invita a la observación de sus múltiples inquilinos.

La Madera, el gran recurso de la Serranía
La historia de este pequeño pueblo está ligada al aprovechamiento maderero de los extensos pinares situados en los altos llamadas “las muelas”, en este caso un cable salvaba un desnivel de 200 metros a lo largo de algo más de un kilómetro para poder bajar los troncos de la llamada “Muela de la Madera”. Para poder hacernos una idea encontramos una estructura de reciente construcción que rememora los 100 años de puesta en servicio del cable diseñado por Gustavo Torner, padre de Jorge Torner (emblemático artista de la generación del arte abstracto en Cuenca).
Se trata de la estación de descarga de la madera, una muestra del basto patrimonio industrial ligado a la madera de la Sierra. Gracias al esfuerzo de una de las asociaciones que más se preocupa por mantener y recuperar el patrimonio natural e histórico de la zona, Esparvel. Una estructura de madera de enormes dimensiones que rememora la antigua estación de descarga de los troncos que se descolgaban desde los altos a través de cables voladeros para hacerlos descender hasta la altura de la laguna, en una más de sus paradas en este intenso viaje a través de montañas, riscos y ríos en dirección a los aserraderos de Cuenca y el levante.
Otra parte del patrimonio ligado a la actividad industrial, tanto energética como maderera es el canal que, construido en los años 20 del siglo pasado, recorre aproximadamente 12 kilómetros encaramado en lo alto de la ladera, dejando el Júcar a su pie. La construcción de este canal obligó a subir el nivel de agua de la laguna, secando la Cascada Tobácea de Uña, una de las más impresionante y hermosas de la zona, la cual se puede admirar desde el Mirador del Travertino de Uña. Esta cascada volverá a recuperar el agua que le daba vida gracias a un proyecto de reconducción de las aguas del arroyo del rincón.
El canal se puede recorrer hasta la localidad de Villalba de la Sierra, gracias a las barandillas que lo acompañan. Esta ruta, si bien no está dentro de las rutas homologadas que nos brinda la Federación de Deportes de Montaña por toda la Serranía, no dejará indiferentes a quienes se aventuren a hacerla, eso sí, recordar que es lineal y si debéis volver a Uña, será por el mismo camino.
Mucho más por descubrir
Para los amantes de la espeleología encontramos en el término de Uña la posibilidad de visitar una de las cuevas más emblemáticas de la zona. Esta sirve de introducción a la espeleología por su sencillez, pero sin desmerecer las formaciones que en ella encontramos. Para poder visitar la Cueva del tío Manolo, es necesario contratar a alguna de las múltiples empresas de turismo activo que nos brindarán esta visita con toda la seguridad y rigor que entrar en las entrañas de la tierra requiere.
Otro de los tesoros de este pequeño pueblo es una de las rutas que nos permite acceder a las partes altas de los barrancos que rodean la laguna, llamada Ruta de las catedrales, nos sumerge en una infinidad de grietas y recovecos que, con ayuda de rústicas escalas de madera, nos dejará acceder a los riscos que asoman a vista de buitre sobre el valle que forma el arroyo de la madera, donde también podemos encontrar una de las pozas preferidas por las gentes de Cuenca.

Para poder entender el maravilloso entorno que nos rodea, es necesario hacer parada en el centro de interpretación de uña que, asomado sobre la laguna, nos explica y detalla infinidad de aspectos medioambientales del entorno, de su historia y de sus tradiciones.
Para los amantes de la astronomía, Uña cuenta con un espacio especialmente designado para acudir en la noche y disfrutar de unos cielos limpios de contaminación lumínica, se trata de un mirador que simultáneamente mira al cielo y a la laguna, que en las noches frías de invierno nos brinda un espejo perfecto para observar el firmamento sin doblar el cuello.
A escasos kilómetros de la población, en dirección a Tragacete, las aguas del embalse de Uña también nos facilitan la posibilidad de disfrutar de excepcionales rincones de baño, con el agua sensiblemente más cálida que en el resto de los fríos ríos de la Sierra, de practicar el piragüismo o de adentrarnos en los estupendos pinares que lo rodean. Ciervos, gamos y corzos suelen bajar a la vega entre el embalse y la población de uña donde pastan apaciblemente tanto en el ocaso como al alba.
Aún queda algún que otro Rincón de este pequeño pero hermoso pueblo por mencionar, pero algo habrá que dejar para que quien se adentre en sus calles, montañas, bosques y rincones se vea gratamente sorprendido.
