La abundancia de ríos que atraviesan la serranía conquense es sin duda uno de los aspectos clave que más llama la atención a turistas y locales. Además de contar con el lugar de nacimiento de un importante número de los ríos principales de España; Júcar, Cabriel y Tajo, y un sinfín de afluentes de estos; Escabas, Guadiela, Guadalaviar, Guadazaón, Villalbilla, Trabaque, etc. Estos ríos a su paso por la tan escarpada geografía de la Serranía nos deleitan con impresionantes saltos de agua y cascadas que hacen las delicias del viajero.
Una de las delicias del territorio es disponer de infinidad de lugares recónditos donde enfrentar los calores veraniegos, con sus hermosas pozas y rincones del río. Los serranos tienen por costumbre guardar en secreto los mejores rincones, pero no tardarán en compartir algunos de estos con los visitantes si sabemos cómo entablar una amistosa conversación. No obstante, y aunque hay cientos de kilómetros de río llenos de sorpresas por ser descubiertas, algunos enclaves son emblemáticos y de obligada visita. Os presentamos algunas de las cascadas emblemáticas de la zona, cuya visita es imprescindible, pero como os decíamos antes, ni mucho menos son las únicas.
Cascadas Tobáceas
Sin duda son este tipo de formaciones en constante evolución y cambio las que más llaman la atención del viajero. La caliza disuelta en el agua tiende a precipitar sobre elementos vegetales tales como raíces, ramas y troncos de árboles, creando un auténtico cuadro vivo de formas calcáreas, las cuáles evolucionan con el tiempo. Hay una de estas cascadas tobáceas que desde luego se lleva la palma de ser la más conocida y fotografiada de la zona, sin duda nos estamos refiriendo al Nacimiento del Río Cuervo, pero no se trata ni mucho menos de la única cascada tobácea de la serranía, la cual encierra otros ejemplos que, si bien son más desconocidos, no por ello desmerecen una visita.
Cascada Tobácea del Nacimiento del Río Cuervo
De gran belleza todo el año, presenta una estampa única en la época invernal donde encontrarla parcialmente congelada mostrando carámbanos de todos los tamaños transmite una enorme paz.

Es sin duda la joya de la corona en cuanto a cascadas tobáceas se refiere, de ahí que se crease el Monumento Natural del Nacimiento del Río Cuervo en el año 2004, donde cada año hacen parada alrededor de 120.000 turistas que acuden a visitarla. No menos impresionante es la surgencia del río Cuervo, unos metros más arriba de la cascada, rompiendo por un pequeño hueco de la roca con toda su fuerza y su caudal.
Cascada Tobácea de Vega de Codorno
Más conocida como “La Tobilla”, se encuentra al final del último de los barrios de la Vega del Codorno, llamado Los Eustaquios, y se esconde entre la exuberante vegetación para verter sus aguas al río Cuervo a escasos cien metros de su ubicación. Si bien llegar a sus pies se convierte en una aventura entre la frondosa vegetación, podemos apreciar realmente cerca cómo la cal se va precipitando en cada brizna de hierba o pequeña porción de musgo.
Cascada Tobácea de Valdemoro Sierra
Conocida por los lugareños como “La Balsa”, esta cascada tobácea es sin duda un lugar mágico, apartado de las principales rutas turísticas. Se trata de una pared tobácea de más de 50 metros de ancho por donde escurre el agua en forma de infinidad de pequeñas cascadas que alimentan pequeñas charcas y piscinas creadas también por la precipitación de la roca caliza, generando un paisaje asombroso.

Vierte sus aguas al río Guadazaón donde podemos encontrar los restos de un antiguo molino harinero que nos trae recuerdos de un tiempo pasado en que los abundantes saltos de agua de la zona formaban parte de los recursos energéticos disponibles. Junto a la balsa encontramos un estupendo merendero cubierto donde poder asar y disfrutar de un día completo.
Cascada Tobácea de Uña
Secada desde hace unos 100 años, esta impresionante cascada era por donde desaguaba la laguna de uña antes de la intervención del canal que desvía parte de sus aguas directamente para el salto de Villalba. Un reciente proyecto pretende devolver su antigua majestuosidad a esta cascada tobácea, trayendo agua entubada desde el arroyo del Rincón, por su alto contenido en cal disuelta, de manera que esta cascada vuelva a recuperar su proceso natural evolutivo. Para su observación está dispuesto el Mirador Travertino de Uña, en la carretera CM-2105, justo antes de entrar en el pueblo si venimos desde Cuenca.

Cascada del río Trabaque
Con casi 30 metros de caída, es la de mayor altura de la zona de la Serranía. Si bien la dependencia del régimen de precipitaciones hace que no todas las épocas del año podamos observar esta maravilla natural, el paseo a través del PR-CU104, llamado de la Dehesa de los Olmos. Partiendo desde el merendero de La Fuente de la Tía Perra y, tras recorrer varios kilómetros, nos dejará atónitos su espectacular caída en su afán por llegar hasta el Estrecho de Arcos donde volverá a encajonarse. La mejor época para admirar su salto es sin duda la primavera, ya que en época estival lo más probable es encontrar un finísimo hilo de agua, o simplemente seca.
Cascada de Fuente de los Tilos y Cascada de Castro (Beteta)
Si bien no se tratan de cascadas naturales del río, la imagen se hace espectacular por tratarse de sendas caídas de agua desde el canal que lleva el agua hasta la central de Puente Vadillos. Recorriendo el Sendero de la Cueva de la Ramera y Cueva del Armentero, llegaremos a pasar justo por debajo de estas cascadas de enormes dimensiones.

Durante el final del invierno y la primavera, especialmente si ha sido lluviosa, unas cortinas de unos 50 metros de anchura se desprenden desde el canal hacia el río Guadiela dejando la Cueva de la Ramera entre medias de ambas. Es sin duda una sensación inolvidable pasear por la pasarela justo debajo de estas artificiales pero impresionantes cascadas.
Cascada del Molino de la Chorrera
A 3 kilómetros de Tragacete, y en obligado camino hacia el nacimiento del Júcar, encontramos este salto de unos 10 metros de altura al que podremos acercarenos por una senda botánica llamada Sendero de la Cascada del Molino de la Chorrera, PNSC-06, que nos introducirá en la flora del entorno. Igualmente existe una estupenda visión desde un mirador situado a escasos metros del parquin emplazado sobre la cascada.

En los escasos kilómetros que lleva recorrido el Júcar desde su nacimiento en los Ojuelos de Valdeminguete, y tras atravesar un par de estrechos, el estrecho del infierno y el estrecho de San Blas, el Júcar rectifica su recorrido a capricho de la voluntad humana y de su necesidad de aprovechar la energía hidráulica. Desde tiempos inmemoriales el río fue desviado de su recorrido habitual para facilitar su aprovechamiento energético por un antiguo molino harinero que hoy en día es una residencia privada. Eso sí, aquella voluntad humana nos dejó de regalo esta impresionante cascada que es el orgullo de los Tragaceteros.
Estos saltos son algunos de los más emblemáticos de la serranía, pero hay muchos más, que suelen caer en estupendas pozas rodeadas de bosques de ribera. No dudes en preguntar a los lugareños y aventurarte a encontrar algún rincón inolvidable en alguno de los muchos ríos que recorren la serranía conquense. A modo de orientación te sugerimos algunos nombres para que puedas empezar con tu búsqueda; Chorrera del Gollizno, Cascada del arroyo de la Hoz del Moro, la Cascada del río Zafrilla, la Cascada del Júcar en los Cortados de Villalba, la Cascada del Cambrón o la Cascada del Guadazaón.
