¿Me entiendes? Diccionario básico para hablar como un serrano

¿Me entiendes? Diccionario básico para hablar como un serrano

Viajar a la Cuenca Mountains es una experiencia para los cinco sentidos. Es el olor a pino y a tierra mojada, el sabor de un buen morteruelo, el tacto de la piedra seca y la vista de sus paisajes infinitos. Pero hay un quinto sentido, el del oído, que a menudo nos revela los secretos más profundos de un lugar. Y es que en la sierra, el castellano se habla con música propia, con un acento y, sobre todo, con un vocabulario que es un tesoro en sí mismo.

Son palabras que suenan a campo, a hogar, a matanza y a siesta. Palabras que, para un forastero, pueden sonar a chino, pero que para la gente de aquí son el lenguaje del alma.

Así que, tanto si eres de la sierra de toda la vida como si vienes a descubrirla, te hemos preparado un pequeño diccionario de supervivencia serrana. Para que la próxima vez que escuches a dos abuelos hablar en la plaza, no te pierdas ni una palabra.


Capítulo 1: Equipamiento para el campo

Antes de salir de casa, hay que prepararse. Y en la sierra, el equipamiento tenía sus propios nombres.

  • Abarcas (o Albarcas): Olvídate de las botas de trekking con suelas vibrantes y membranas transpirables. Las abarcas eran el calzado todoterreno original. Hechas de cuero crudo o, más humildemente, de la goma de una rueda de coche, eran ligeras, resistentes y se agarraban a la piedra como ninguna otra cosa. Llevar abarcas era llevar el terreno pegado a los pies.
  • Bardusca: No es una herramienta que se compra, sino que se encuentra. Es esa vara de avellano o de cualquier otro arbusto, flexible y resistente, que coges del suelo al empezar a caminar. Sirve para apartar zarzas, para apoyarte en las cuestas, para señalar algo a lo lejos o, en un momento dado, para arrear a una oveja descarriada. Imprescindible.
  • Zurrón (o Morral): La mochila de toda la vida, pero hecha de piel o de lona. En el zurrón del pastor o del agricultor cabía todo lo necesario para pasar el día en el monte: el almuerzo, la bota de vino, la navaja y poco más. Colgado del hombro, era el compañero inseparable de fatigas.
Zurrón de peregrino en estatua

Capítulo 2: A la mesa, que no se enfría

La gastronomía serrana tiene su propio léxico, y es importante dominarlo para no perderse lo mejor.

  • Zatico: Una de las palabras más importantes y queridas. Un «zatico de pan» es un trozo, un pedazo de pan. Ese trozo que pellizcas de la hogaza para empezar a mojar en el plato. Sin un buen zatico, cualquier comida en la sierra está incompleta.
  • Entrecuesto: Esto es para iniciados. El entrecuesto es el espinazo del cerdo, una de las piezas más sabrosas que salen de la matanza. Adobado con ajo y pimentón y luego frito u orzado, es un manjar de los que resucitan a un muerto.
  • Moje: Podríamos traducirlo como «salsa», pero «moje» es mucho más. El moje es el alma líquida de un guiso, el caldito del estofado, el aceite con pimentón que queda en el fondo del plato de ajoarriero. El objetivo principal de cualquier zatico de pan es, precisamente, acabar con el moje.
  • Gulusmear: La acción de curiosear la comida, de picar de aquí y de allá antes de tiempo, de probar un poquito de la olla «a ver cómo está de sal». Un verbo imprescindible en cualquier cocina serrana.

Capítulo 3: La vida en el pueblo y sus expresiones

Finalmente, algunas palabras y expresiones que definen el carácter y el ritmo de la vida en la sierra.

  • Cardelina: Mientras que en la ciudad se ven «jilgueros», en la sierra cantan las «cardelinas». Es una palabra mucho más musical y poética, que parece imitar el propio trino del pájaro.
  • Rasmia: No está en el diccionario de la RAE, pero todo el mundo aquí sabe lo que es. Tener «rasmia» es tener brío, energía, determinación, hacer las cosas con ganas y decisión. Es lo contrario a la galvana.
  • Galvana: La pereza, la modorra, esa pesadez que entra después de una buena comida o en una tarde calurosa de verano. Estar «agarrado por la galvana» es la excusa perfecta para echar una buena siesta.
  • Atizar: Un verbo multiusos. Sirve para avivar el fuego en la chimenea («¡atiza la lumbre!»), pero también para dar un golpe («le atizó un sopapo») o para animar a alguien a que se dé prisa («¡atízale!»). El contexto lo es todo.
  • Hocino: No es una palabra, es un paisaje. Un «hocino» (u «hozino») es esa curva cerrada y profunda que excava un río en la roca, creando un cañón espectacular. La Serranía está llena de hocinos.

Y ahora, te toca a ti…

Este es solo un pequeño aperitivo del inmenso diccionario que guardan nuestros pueblos en su memoria. El verdadero tesoro está en lo que recuerdan nuestros mayores.

Por eso, te lanzamos un reto: ¿Qué palabra serrana falta en esta lista? ¿Cuál es esa expresión que siempre usaba tu abuelo o tu abuela?

Déjala en los comentarios y, entre todos, ¡construyamos el gran diccionario del habla serrana!